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CURSILLO DE ORACIÓN
Lectio: escucha de la Palabra de Dios
A través del cursillo ofrecemos la oportunidad de entrar en contacto y practicar un modo de orar fundamental, y particularmente querido por los monjes y monjas, centrado en la Palabra de Dios.
Son 3 encuentros de un día cada uno.
Está abierto a personas de ambos sexos y, dadas las características, el grupo será reducido.
Fechas:
- Sábado 17 de noviembre de 2007
- Sábado 16 de febrero de 2008
- Sábado 17 de mayo de 2008
Horario: de 10 de la mañana a 6,30 de la tarde
Más datos e inscripción: info@monasteriodearmenteira.org
'LECTIO': escucha de la Palabra de Dios
Texto del programa
"A Sentinela" rodado en la comunidad,
emitido por TV gallega
el 17-2-08
‘Lectio’
En el corazón, todos sentimos una necesidad de trascendencia, de oración, de
encuentro con Alguien a quien presentimos cercano: Dios, de quien parte toda
iniciativa.
Es que Él, en su amor, quiere establecer una relación con nosotros y la inicia
con su Palabra, que nos ha quedado escrita en la Biblia. Allí nos ha dicho cómo
es Él, cuánto nos quiere, cómo desea que seamos felices… Y nos ha hablado de su
Hijo y en su Hijo, que ha venido para enseñarnos, desde la vida concreta, a
caminar hacia El.
¿Cómo han leído los monjes esta Palabra? Desde los primeros siglos tenemos como
una “técnica” que llamamos Lectio Divina, o ‘lectura divina’. Es el ‘método’ de
nuestra oración y se pueden distinguir en ella cuatro pasos, que no van uno
después de otro sino que pueden ir entremezclados. Aunque, para explicarlos, lo
haremos en cuatro partes separadas:
‘lectura’
La primera sería propiamente la ‘lectura’: atenta, en actitud de escucha. Viene
a ser algo así como preparar un hueco, como estar disponible para que esa
Palabra, que ‘es viva y eficaz’, golpee, despierte nuestro corazón, lo inunde
con su luz y, como dice la Escritura, no vuelva vacía a Dios. Que pueda ser como
la semilla que cae en el campo, germina y crece, de día y de noche, con la
lluvia o con el sol,… Y así, nuestro corazón, nuestro ser entero, sea lugar de
transformación, porque la fuerza de esta Palabra, su vivacidad, nos invaden y
transforman poco a poco, como esas plantas cuyos brotes enraízan de nuevo a
escasa distancia del pie cubriendo y transformando todo.
No buscamos resultados inmediatos. Tratamos de entender lo que dice el texto:
hoy dice el Evangelio que Jesús se dirigió a un lugar retirado (lugar de
silencio y encuentro), que se transfiguró, que Dios confirmó que Jesús era su
Hijo, que los discípulos, aunque quedaron espantados, permanecieron junto a Él.
Que luego Jesús mandaba que no hablaran del tema, como queriendo que ‘guardaran
todas las cosas en el corazón’.
A cada persona le resuenan estas palabras destacando más una u otra, en los
pasos sucesivos de este encuentro en oración.
‘Meditatio’
* La ‘meditatio’ es el momento de la ‘lectio’ en que el lector-orante se
compromete en profundizar en el texto, ahondando en él, buscando su mensaje
revelador, para entrar en un conocimiento cada vez más profundo del rostro de
Cristo.
En este paso nos pueden ayudar los comentarios patrísticos, espirituales o
exegéticos de la Escritura.
* La ‘meditatio’ es un acto del corazón, no de la inteligencia.
Los primeros monjes cistercienses hablaban de la ‘meditatio’ como de una rumia:
Así como la vaca, tan familiar en nuestros campos, lleva una y otra vez a la
boca el alimento ya tragado para masticarlo y así digerirlo y asimilarlo; del
mismo modo, meditamos la Palabra repitiendo…, memorizando…, recordando…,
escuchando…, guardando…, contemplando…
Llevamos una y otra vez la Palabra al “vientre” de nuestro corazón para ser
digerida y asimilada. Allí, la Palabra, como verdadero alimento, es masticada…,
triturada…, paladeada…, gustada…, saboreada…, (sabiduría viene de sabor;
saborear).
* Resumiendo la práctica sería así:
- Leo un pequeño párrafo, me detengo en lo que llama mi atención, lo vuelvo a
leer, lo rumio, lo repito, lo dejo reposar tranquilamente.
- Acudo, si lo tengo a mi alcance y así lo deseo, a libros que me iluminen sobre
lo que ya he descubierto en la lectura.
- Vuelvo una y otra vez al texto y con lo que he leído, intento otra vez
repetirlo, rumiarlo, masticarlo.
De este modo la ‘meditatio’ se entrelaza con la ‘oratio’ (que es el siguiente
paso de la ‘lectio’) y se prolonga a lo largo del día en el “vientre” del propio
corazón.
‘Oratio’
El tercer paso de la lectio es la oración; responde a la pregunta ¿que le digo
yo a Dios motivada por la lectura y la meditación? Hoy Jesús nos toma y nos
llave a la montaña.
Yo se por experiencia que mi oración es fruto del Espíritu Santo que me habita e
ilumina y que despierta mi interior queriéndose expresar desde la verdad de mi
espíritu y así continuar el diálogo, prolongando la relación amorosa con Dios
que me habla y me ama. Toda mi oración nace de su amor, que me acepta y que se
da, esto hace despertar lo mejor de mi misma “Sal de tu tierra” (nos dice la 1ª
lectura de hoy), experiencia de relación, relación que quiere Dios y que quiero
yo. Ésta me capacita para reconocer y sacar todos mis dones, poniéndolos al
servicio del Reino. Es una experiencia de gratuidad y en gratitud.
Es grafica, aunque socialmente no está bien vista la expresión que emplean los
antiguos, al definir la oración como un “eructo” que sale después de una buena
comida. Así, la oración sale de nuestro ser más profundo; de la sobreabundancia
del corazón. Unas veces se expresa en una acción de gracias, o en una petición,
o una intercesión, o en un simple movimiento de alegría, de confianza, de amor,
o de compunción, o de aceptación de una situación dolorosa….
No siempre hay palabras de respuesta a veces hay silencio que es una escucha
interior de su palabra, en la espera de que esta palabra germine, en acogida de
su don, o simplemente en elocuente presencia que me acompaña durante el trabajo
o lo que este realizando.
El seguimiento de Jesucristo se convierte para mí en una oración continuada que
me unifica, me integra, me madura, y va realizando en mí ese deseo profundo o
búsqueda que siempre ha acompañado mi vida: el ser persona plenamente.
Esta o. como veis no es monologo sino encuentro. Dios invita siempre y espera
“Mira que estoy a la puerta y llamo. Si tu quieres y me abres Yo entraré y
cenaré contigo y tu conmigo” Ap. Esta invitación de Dios hace gozar cada día más
de la vida.
‘Contemplatio’
Hasta aquí hemos leído la Palabra de Dios, la hemos meditado y hemos orado. La
Gracia del Señor nos ha estado acompañando en cada paso de la Lectio Divina,
pero también ha habido un esfuerzo por nuestra parte, le hemos dedicado tiempo y
atención. Ahora, en la ‘contemplatio’ nos quedamos a merced de Dios, que puede
manifestarse en este momento o en otro.
Cierra los ojos, y deja que su Presencia real invada todo tu ser. Silencio.
Permanece en silencio. A nivel sensible no experimentarás nada; tu cuerpo está
en absoluta quietud; tu mente no piensa nada, no hay imágenes, ni palabras.
Tampoco existe el tiempo, has perdido la noción del tiempo y,……, un Silencio con
identidad propia, hace su aparición.
En ocasiones, en vez de silencio vives la Paz en un instante, que no es un
instante de paz, sino toda la Paz vivida plenamente en un instante.
Otras veces aparace la Luz, una luz tan intensa dentro de ti, que al abrir los
ojos te crees que también está fuera, y resulta que no, que a lo mejor es noche,
o llueve, o es un día gris, sin embargo, tú has visto esa Luz. Como la luz que
vieron Pedro, Santiago y Juan, en el evangelio de hoy, en el pasaje de la
Transfiguración del Señor, en el que escucharemos: el Señor se transfiguró
delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se
volvieron blancos como la luz (Mt 17,2)
La contemplación es un coloquio tranquilo, sereno, sosegado con Dios, sin otro
deseo que permanecer cerca de Él. Tal presencia y tal proximidad se hacen cada
vez más silenciosos, como un paseo entre amada y amado, donde en un determinado
momento, tras el diálogo y alegría de los primeros descubrimientos, se está
sencillamente el uno junto al otro. No se dicen palabras, sólo hablan los ojos y
el corazón. Y así, más cerca de Dios, se conoce en profundidad el pensar de
Dios, se siente latir el corazón y se abandona uno a su Amor. Entonces podremos
decir como Pedro: ¡Señor, que bien se está aquí!
La
Lectio Divina no es
sólo una escuela de oración, es también una escuela de vida.
En ella Dios nos llama, nos habla, suscita en nosotros la respuesta dócil, la
colaboración.